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Gracias Santo Padre

Han pasado algunas semanas y las aguas se han calmado. Sin embargo, si miramos hacia atrás, después de la visita del Papa Benedicto XVI a su tierra natal vimos surgir en los medios de comunicación dos reacciones tan distintas como opuestas, al punto de sorprender a propios y extraños.

Por un lado la gratitud de un amplio sector de la prensa (incluida la alemana), de los católicos del mundo entero y en especial de los alemanes por esta visita a su país natal, en que el Santo Padre no reservó esfuerzos por presentar la belleza, la apertura universal y la coherencia interna de la verdad de nuestra fe católica. Gratitud por su testimonio de bondad y de sencillez, así como por su claridad intelectual y doctrinal. Gratitud no solo de parte de católicos, sino de hombres de buena voluntad de todos los credos

Por otro lado, motivado por una desinformación de mal gusto de una cadena de información inglesa (como es ampliamente conocido), se suscitó un mundo de sentimientos de oposición por la ponencia magistral de Su Santidad Benedicto XVI en Ratisbona, concretamente en lo que se refiere a la relación entre violencia y religión, y esto en el contexto de la cuestión musulmana concerniente a Europa.

Sin entrar en mayores detalles, quienes han tenido la ocasión de leer detenidamente las palabras del Santo Padre no podrán sino reconocer que las declaraciones vertidas por muchos medios de comunicación, que se hicieron eco de esta desinformación, no coinciden ni con el espíritu ni con la  letra de lo que afirmara el Santo Padre.

Cabe anotar como un hecho curioso que en una entrevista realizada a ciudadanos alemanes de a pie, indignados por las palabras del Santo Padre, al preguntárseles si habían leído las palabras del Papa, contestaron que no. Habían sido simples víctimas de una campaña bien orquestada y ampliamente difundida.

Dos lecciones podemos sacar de estos hechos para una mayor madurez ciudadana, a sabiendas que son un deber para todos:

En primer lugar es justo y exigible que todos pidamos a los medios de comunicación que nos informen con veracidad; que antes de difundir una noticia investiguen apropiadamente, de modo que no hagan un daño muchas veces irreparable ni a los directamente implicados, ni al público.

En segundo lugar a todos nos toca la responsabilidad de tener una mirada crítica al flujo noticioso que nos llega. Lamentablemente no todo lo que se dice en los medios de comunicación es verdad. Y entonces, al contrario del caso arriba mencionado, es mejor recurrir a las fuentes de primera mano para no dejarse llevar por lo que se dice, sino por los hechos objetivos.

En este contexto no podemos expresar sino nuestra gratitud al Santo Padre. ¡Gracias por sus enseñanzas claras y universales! En efecto, no puede haber justificación religiosa para la violencia. Ello no se corresponde con el ser mismo de Dios en quien decimos creer. Y gracias especialmente porque ha sido para nosotros en las últimas semanas un testimonio de serenidad, firmeza y paz en medio de las aguas a veces turbulentas de los medios noticiosos.

 

 


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