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Solo Dios salva (Mc. 5, 21-43)

2 de julio de 2006

Queridos amigos,

Todo ser humano se encuentra con dos experiencias durísimas que ponen en cuestión y desarman todas las aparentes seguridades que nos construimos en este mundo que hemos llamado moderno: el sufrimiento y la muerte. Hoy más que nunca el hombre quiere sentirse seguro y evitar toda amenaza. Se habla mucho de la sociedad del bienestar y buscamos construirnos un mundo sin dolor ni sufrimiento. Así los hombres y mujeres de hoy caen en la ilusión de “un mundo feliz” en el que estaríamos todos a salvo.

Pero la realidad se encarga pronto de deshacer nuestras vanas ilusiones. Ante el sufrimiento de una prolongada enfermedad que no tiene remedio nos descubrimos  seres frágiles, que no tenemos la última palabra sobre nuestra vida. La misma experiencia de la muerte se encarga de decirnos que el hombre no es capaz de salvarse a sí mismo.  

Precisamente de esto nos habla el evangelio de hoy, domingo. Nos trae la narración de dos milagros que se suceden uno tras otro en el camino de Jesús por Galilea: la curación de la mujer que durante años padecía flujos de sangre y la revivificación de la hija de Jairo, jefe de la sinagoga. Y con estos milagros se nos dice: “solo Dios salva”. “Sí, solo Él es capaz de devolver la vida al hombre, de dar esperanza, de curar definitivamente el mal que nos aqueja: la muerte, la desesperanza, el pecado”. “Solo con Él podemos mirar más allá del dolor y de la muerte y descubrir que ellas tienen un valor redentor, así como participar del horizonte de vida plena que Él desde su Pascua nos ofrece”.

Pero la pregunta que nos podría hacer el Señor hoy es: ¿crees esto?; pues en el evangelio los protagonistas mismos “piden” la salvación y creen.

No se nos puede pasar por alto en nuestra vida cristiana iluminada por el don de la fe que Dios no quiere el mal ni la muerte para el hombre. Si sufrimiento y muerte existen, es por causa del pecado. Pero Dios en su amor misericordioso nos ha dado la respuesta a todo ello con la entrega de su Hijo.

Hoy una vez más el Señor te invita a dar el paso de la fe; a creer con la mente, con el corazón y con la vida; a aceptar en la propia existencia al Señor Jesús y la fuerza reconciliadora de su amor. Que con generosidad y apertura podamos todos dar ese paso al encuentro del Señor.

+ Mons. Kay Martín Schmalhausen SCV

     Obispo Prelado de Ayaviri

 


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