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¿Por qué tenéis miedo? No tenéis fe todavía?

25 junio 2006

Queridos amigos,

Gracias a nuestros amigos del diario Correo comenzamos este domingo con un espacio de encuentro muy especial, como lo es el de esta columna, en que los Obispos de Puno queremos acompañarlos con algunas reflexiones dominicales para su vida cristiana.

Reflexionar sobre el evangelio dominical que escuchamos los domingos en misa puede ser de gran ayuda para todos. Quiera el Señor Jesús permitir que a través de este medio lo podamos conocer y amar más, para seguirle más de cerca.

El evangelio de este domingo nos trae el relato de un milagro impresionante. Con Jesús los apóstoles han partido en barca para cruzar el mar de Tiberíades, cuando repentinamente se ven envueltos en una tormenta y están a punto de naufragar. En su desesperación acuden a Jesús, profundamente dormido en la parte delantera de la barca. “¿No te importa que muramos?”, le gritan. Y Jesús, levantándose, manifiesta con un acto impresionante su divinidad, pues con una palabra calma el agua y la tormenta. Pero añade un reproche a sus discípulos: “¿Por qué tenéis miedo? ¿No tenéis fe todavía?”.

Jesús nos desconcierta: ¿No es normal tener miedo, hasta terror, en una situación como esta? ¿Por qué tiene Jesús esta actitud hasta un poco áspera con los suyos? ¿O sus palabras acaso transmiten algo de pena por la falta de fe de sus amigos?

Pensemos por un momento en nuestra vida… En ella con frecuencia aparecen tormentas de otro tipo. Son las tormentas o tormentos de nuestra vida: la muerte de un familiar, la pérdida del trabajo, la soledad en medio de la juventud o vejez, la decepción de un amigo, esposo o esposa… Podríamos añadir una larga lista de situaciones dolorosas en nuestra vida.

Preguntémonos ahora cómo reaccionamos ante hechos como éstos. ¿Nos alteramos, nos entra furia, nos da miedo, nos desesperamos o sentimos a veces que nos hundimos? Son más bien pocas las personas que ante tales situaciones permanecen en verdadera paz. Tal vez Jesús nos podría hacer hoy el mismo reproche a ti y a mi: “¿por qué tienes miedo? ¿No tienes fe todavía?”.

Sí, la verdad es que muchas veces nos falta la verdadera fe; aquella que es confianza profunda en el Señor, en su cuidado amoroso por nosotros; aquella que ve más allá de lo tangible y nos lanza a la comunión con Él. Nos cuesta creer que de una desgracia, Jesús pueda sacar bienes para nosotros. Nos cuesta creer que en medio del dolor, Él pueda consolarnos. Pensamos que está dormido o ausente y que no se preocupa por nosotros. Y olvidamos que, aunque no le “sentimos”, Él está a nuestro lado.

Queridos hermanos, aunque la vida a veces puede ser dura y difícil, no perdamos la fe. Recordemos las palabras de San Pablo: “Sé andar sobrado y con escasez. Todo lo puedo en aquél que me conforta.” Confiemos en el Señor; aprendamos a confiar nuestros dolores, fracasos y dificultades a Él. Estoy seguro que encontraremos en Él el consuelo y la fuerza para salir adelante, para hallar la paz que nos hace falta y que vemos en Él. Que Dios los bendiga y feliz Domingo.

+ Mons. Kay Schmalhausen SCV

     Obispo Prelado de Ayaviri

 


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