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Homilía en la Misa de celebración de los 10 años de la Universidad Católica San Pablo

Muy estimado Señor Rector de la Universidad Católica San Pablo, Dr. Alonso Quintanilla Perez Wicht;

Estimado Superior Regional del Sodalicio de Vida Cristiana, Don Erwin Scheuch Pool;

Estimadas autoridades, cuerpo docente, alumnos y amigos de la Universidad Católica San Pablo;

Queridos hermanos todos,

El evangelio que acabamos de escuchar terminaba con la siguiente expresión: Y María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón .

Estas palabras son un bello testimonio acerca de la Virgen María, a la que nos dirigimos en este mediodía bajo la advocación de Sede Sapientiae, trono de la Sabiduría, fuente, casa de la Sabiduría; testimonio que nos ha dejado el texto inspirado y que quiere decir algo así como: María guardaba, reflexionaba, rumiaba, ponderaba todas estas cosas en su corazón.

Contemplamos en este pasaje a la Virgen orante, mujer profundamente reflexiva, de espíritu fino, mirada penetrante, de mente, corazón y voluntad abierta a Dios y a la realidad. Mujer con el hábito interior de auscultar la realidad, que busca entender los acontecimientos de su vida, y que procura comprender, especialmente el misterio sobrecogedor de su Hijo, Jesús, el Verbo encarnado.

Es, finalmente, la mujer de la fe que lee los acontecimientos a la luz de la mirada de Dios, no para quedarse pasiva, cruzada de brazos, sino para a partir de ello actuar, responder, salir al encuentro de la realidad que reclama la intervención de la libertad humana bien encaminada; es decir, para orientar el mundo y "todas las cosas" a la realización del designio divino. Pienso que estas palabras son un bello testimonio y ejemplo para todos nosotros en estos días de gozo.

Al celebrar el primer decenio de la Universidad Católica que siendo bastante joven para lo que suele ser el tiempo de vida de una Universidad, y no obstante presenta ya rasgos elocuentes de madurez, de constitución solida lo dicho anteriormente nos ofrece algunas luces con respecto a la misión inscrita en toda Universidad Católica que desea ser verdaderamente fiel a su raigambre e identidad eclesial.

La Universidad es ante todo una comunidad de personas; comunidad que comparte una unidad de ideales, de espíritu, de dirección. Ella congrega como casa de estudios y de formación integral de la persona a toda una familia con el propósito común del estudio y la investigación. En el seno de sus aulas se busca auscultar en lo posible toda la realidad, conocerla en sus diversas facetas y aspectos, se refieran estos a lo económico, lo social, lo tecnológico o a la realidad concreta del hombre, su psicología, su interioridad, o acaso a su proceso de educación. En síntesis, aquí se busca abordar todo lo propiamente humano, no simplemente para conservarlo, sino para luego proyectar los nuevos conocimientos en el vasto campo de la cultura.

Este cometido esencial a una comunidad universitaria no obstante podría fallar si no comprendiéramos bien lo que es la realidad y su relación con la verdad misma.

Hace poco más de un mes el Papa Benedicto XVI en su discurso inaugural a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Aparecida, planteaba precisamente esta cuestión de particular interés para la universidad: ¿Qué es esta "realidad"? ¿Qué es lo real? ¿Son realidad los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo. Y concluía diciendo que cuando esto es así, cuando se presenta esta reducción ilegítima hay "una verdadera amputación de la realidad fundante" que es Dios mismo. Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas .

Esta conclusión sencilla y a la vez del todo cierta no es difícil de constatarla con reiterada preocupación en todo el mundo, particularmente en nuestra tierra latinoamericana. Con demasiada frecuencias el mal hábito de lecturas e interpretaciones reductivas de lo real a lo meramente sociológico, político y actualmente sobre todo a lo económico han ofrecido recetas a nuestra convivencia humana, que prescindiendo del elemento central y fundante, que es Dios, terminaron ahogando las esperanzas de millones de personas.

En este contexto, volviendo a nuestra acción de gracias por estos 10 años de caminar de la Universidad Católica San Pablo pienso que realmente es muy oportuno agradecer al Señor por el extraordinario don de la fe que sella la identidad de esta Casa de Estudios y acompaña su prolífera actividad académica.

Ella, la fe, no es en absoluto un impedimento al desarrollo honesto y al avance cada vez mayor de las diversas ciencias que de hecho investigan con sus métodos propios el mundo que habitamos, pero cuya racionalidad posee también su campo específico y aún sus límites bien definidos. Ante una legítima autonomía de las diversas ciencias y su progreso, la fe en realidad no puede ni pretende nunca ser  como con demasiada frecuencia y bajo ciertos presupuestos ideológicos se ha pensado un candado que cierra la puerta de acceso al universo de un estudio exhaustivo y racional de las realidades humanas y del cosmos.

Realidad y fe así como razón y fe no se encuentran en una relación de oposición o de radical incompatibilidad. Todo lo contrario, con la irrupción del Verbo que se hace hombre en la historia, es Dios mismo, principio de todo cuanto existe y fundamento de toda verdad, quien toma la iniciativa, para en su Hijo esclarecer el misterio largamente incomprendido del hombre, del mundo y de sus leyes internas.

Así, Dios se abaja para abrirle ser humano en su mismo Hijo, Verdad revelada y reveladora, las puertas a una sabiduría superior a la que es capaz de alcanzar la razón por si sola: la verdadera ciencia, que no solo ofrece la interpretación genuina acerca del misterio de Dios, de la criatura humana y del mundo sino que permite además la salvación del mismo hombre, y no su destrucción.

Esta premisa poco comprendida y lamentablemente no aceptado por muchos ha dado origen luego y por la vía de su negación a toda una serie de corriente de pensamiento de escisión, de ruptura, con paradigmas antropológicos errados y esquemas mentales de falsas oposiciones, que han terminado por volver la ciencia, la tecnología y la razón misma en contra del hombre para sumirlo nuevamente en el ocultamiento de sí y conducirlo a la larga a su aniquilamiento.

Me permito aquí un pequeño paréntesis; el día de hoy la Iglesia además celebra a San Cirilo de Alejandría. Su figura como sucesor de los apóstoles nos hace recodar al que es Patrono de esta Universidad, San Pablo. A este Obispo que vivió entre el siglo IV y V le tocá, como al Apóstol de Gentes, ser defensor de la fe sobre todo contra la herejía del Nestorianismo. Hago alusión a ello porque lamentablemente las herejías no son un mero recuerdo del pasado. Por herejía se entiende la afirmación de una verdad puntual a tal extremo que se termina negando otras verdades que debieran guardar su lugar dentro de la constelación de lo real.

En este sentido, las nuevas aunque en realidad siempre antiguas falsificaciones de lo real nacen en nuestros días no tanto en el seno de la Iglesia. Muchas veces son hijas de escuelas de pensamiento cuya gestación se da en el seno de las Universidades, pero que al haber ignorado a Dios no son ya capaces de atisbar la sublime vocación y misión del hombre en el mundo. Por ello cabe una gran responsabilidad y la tarea a las Universidades y particularmente a esta familia universitaria por cultivar el recto pensar, el amor a lo real, a la verdad. Una tarea que en el fondo es un homenaje al hombre mismo, creado a imagen y semejanza de quien es la Verdad misma y el Amor.

Muy queridos hermanos, para terminar quiero rogarles encarecidamente que pidamos al Señor para que esta Casa de Estudios, de la que yo mismo he tenido la bendición de formar parte por unos breves años, sea siempre fiel a su propia identidad y misión. Que ella sea concreción de la síntesis que puede y debe haber entre fe y razón. Que sea una familia unida - docentes y alumnos - en una búsqueda honesta, sincera y esforzada de la verdad en todos los ámbitos del saber. Que sea su centro la misma Sabiduría eterna que se ha hecho uno de nosotros, Jesucristo el Señor. Finalmente pidamos para que bajo el amparo de Santa María, estos diez años de camino recorrido se constituya en fundamento sólido para un futuro que ya se augura promisorio y que realmente contribuya a la mejora y transformación de nuestra Patria, en un Perú más unido, más solidario, más justo, fraterno y reconciliado para bien de todos.


Lc. 2,19

Benedicto XVI, Discurso Inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 3

 


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