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1 de Febrero: Beato Luis Variara, apóstol de leprosos en Colombia

 Ayer celebrábamos al gran apóstol de los jóvenes: San Juan Bosco y hoy, a un niño que lo conoció poco y que quedó marcado por la santidad de este hombre de Dios y que más tarde se convertirá en apóstol de los leprosos en Colombia y en fundador de una Congregación.

Nació el 15 de enero de 1875 en la ciudad de Viarigi en Italia. Su padre conoció a Don Bosco en unas misiones y envió a Luis a estudiar en el Oratorio Salesiano de Valdocco (Turín), en donde conoció al gran santo. Dejemos que el mismo nos cuente su encuentro: «Estábamos en la estación de invierno. Jugábamos una tarde en el amplio patio del Oratorio, cuando de repente se oyó gritar de un lado a otro: ¡Don Bosco!... ¡Don Bosco! Instintivamente nos abalanzamos todos hacia el sitio donde aparecía nuestro buen Padre, a quien sacaban a dar un paseíto en un coche. Pronto se vio Don Bosco rodeado de su querida turba infantil. Yo buscaba afanosamente el modo de situarme en algún punto donde pudiera verlo a mi gusto, pues deseaba ardientemente conocerlo. Me acerqué lo más que pude y, en el momento de ser ayudado a subir al coche, me dio una dulce mirada y sus ojos se fijaron detenidamente en mí; tenía la seguridad de haber conocido a un santo y que ese santo había leído en mi alma algo que sólo Dios y él pudieron saber».

En su formación para el sacerdocio conoció a hombres santos como el venerable Andrés Beltrami. Animado por el testimonio de los misioneros de su Congregación en América Latina, le pidió a la Virgen la gracia de ser enviado a Colombia. Todavía no era sacerdote y María Auxiliadora le concedió lo que tanto anhelaba su corazón: sus superiores lo enviaban a atender leprosos en el lazareto de Agua de Dios en su ansiada Colombia.

Arriba a su destino en 1894 e inmediatamente se pone a laborar con los leprosos. Como tenía dotes musicales, se le ocurrió formar una banda musical, con la que puso una nota de alegría en la llamada “ciudad del dolor”, pues casi la mitad de los habitantes de aquel poblado eran leprosos. El 24 de abril de 1898, es ordenado sacerdote en Bogotá. Grandes sufrimientos tuvo que padecer el resto de su vida por cumplir el Plan de Dios, pero en todas ellas se encomendó a la Virgen y gracias a su intercesión mantuvo la confianza en Dios y el corazón manso. El P. Variara acompañaba espiritualmente a unas 200 muchachas de la Asociación de las Hijas de María y se dio cuenta que muchas de estas chicas leprosas se hubieran consagrado con gusto al Señor, pero no podían ser aceptadas por ninguna Congregación a causa de su enfermedad. Tuvo entonces la intuición de fundar una comunidad religiosa que aceptara a este tipo de mujeres. Seguro de que esto era lo que Dios quería de él, emprendió esta tarea en medio de incomprensiones y un fuerte rechazo.

Sus superiores lo enviaron a otras ciudades de Colombia y con dolor pero con una gran confianza en la Virgen, tuvo que alejarse de su querido lazareto de Agua de Dios. La Congregación de la Hijas de los Sagrados Corazones que él había fundado ya era un hecho y su crecimiento lo dejó en las manos de la Virgen. Muere en Cúcuta (Colombia) el 1 de febrero de 1923, a los 48 años de edad y fue beatificado el 14 de abril del 2002. Hoy esta Congregación está presente en 10 naciones y cuenta con más de 400 religiosas.

 


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