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3 de Febrero Santa Claudina Thévenet Fundadora

Terribles días fueron los que pasaron los creyentes cuando estalló la Revolución Francesa. Miles y miles de católicos fueron martirizados por causa de su fidelidad a Jesucristo durante estos terribles acontecimientos. La familia Thévenet era un hogar católico de Lyon - Francia, al cual Dios había bendecido con 7 hijos. “Gladi” como cariñosamente llamaban a Claudina, había nacido el 30 de marzo de 1774 en el seno de este hogar creyente.

“Gladi” tiene 15 años cuando estalla la Revolución Francesa y en 1793 su ciudad natal es tomada por las fuerzas gubernamentales después de una fuerte resistencia. Los revolucionarios, para horror e impotencia de esta joven y de su familia, condenan a muerte a todos sus hermanos hombres. Cargada de valor y de impotencia asiste a la ejecución de sus hermanos que le dicen: "Perdona, Glady, como nosotros perdonamos". Estas palabras se le clavan en el corazón y decide en adelante dedicarse a socorrer a las víctimas de los revolucionarios. Lo más importante es evitar que se pierda la fe en las nuevas generaciones y Claudina se dedica a dar catequesis y ayudar a numerosos niños y jóvenes.

 

En este trabajo conoce al Padre Andrés Coindre, santo sacerdote que le ayudará a discernir lo que Dios quería para ella. En el atrio de una iglesia, este sacerdote había encontrado a dos niñitas abandonadas y temblando de frío; las recogió y se las llevó a Claudina para que las cuidara. A partir de esta experiencia, surge en 1815, la llamada “Providencia de San Bruno” para acoger a niñas abandonadas. Ya son varias jóvenes las que se han unido a Claudina y el P. Coindre le dice  "hay que formar una comunidad. Dios te ha elegido". Y así, el 6 de octubre de ese mismo año, se funda la Congregación de Religiosas de Jesús-María que hoy cuenta con más de 1800 religiosas trabajando en todo el mundo.

El fin inicial de este Instituto era recoger niñas pobres hasta los 20 años de edad. Les enseñaban un empleo las alfabetizaban, además de claro, darles una profunda formación religiosa. Claudina y sus hermanas se dan cuenta que las niñas de las clases acomodadas están sufriendo una ausencia de valores cristianos en su formación y en adelante se dedicarán a la educación cristiana de todas las clases sociales. Claudina solía repetir a sus hermanas: "Es necesario ser madres de las niñas. Sí, verdaderas madres, tanto del alma como del cuerpo". Ninguna parcialidad, ninguna preferencia, "las únicas que os permito son para las más pobres, las más miserables, las que tienen más defectos. A estas sí, amadlas mucho".

El Señor templa su corazón en el dolor en los siguientes años. Primero sufre la muerte de su padre espiritual, el Padre Coindre (1826) y de sus primeras compañeras (1828); además quieren fusionar su comunidad con otra recién fundada y estallan nuevos movimientos revolucionarios en Lyon. En medio de todas estas adversidades, su celo por cumplir el Plan de Dios y su afán de ayudar a más personas, la llevan a desarrollar nuevas iniciativas apostólicas y a trabajar con entrega en la redacción de las Constituciones de su Congregación. El Señor la llama a su presencia a los 63 años. Era el 3 de febrero de 1837. Le tocó a Juan Pablo II beatificarla en 1981 y canonizarla en 1993.

 

 


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