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6 de febrero: San Pablo Miki y compañeros mártires

Kyoto (Japón), 1556 - Nagasaki (Japón), 5 de febrero de 1597

Nació en Kyoto en 1556 en una de las primeras familias que se habían convertido al catolicismo en el Japón. Fue bautizado cuando tenía cinco años con el nombre de Pablo y es educado por los jesuitas en Azuchi y Takatsuki. Fruto de su educación va creciendo en la comprensión de la fe y en el entusiasmo por vivir el Evangelio con todas sus consecuencias.

Después de un largo discernimiento se convertirá en el primer religioso japonés al entrar a los 22 años al noviciado de los jesuitas. ¡Que gran alegría para los hijos de San Ignacio de Loyola contar con la primera vocación japonesa! Pablo se aplica con exigencia a su formación para el sacerdocio en la que el latín le causa más de una dificultad. Ordenado sacerdote se manifiesta como un gran conocedor de la religiosidad oriental y su testimonio y forma de explicar el Evangelio atrae a cientos de sus paisanos a la Iglesia. Sus superiores viendo el fruto de su apostolado, lo destinan a ser predicador por todo el país.

No han pasado muchos años desde que el cristianismo penetró en Japón. En 1549 llegaba San Francisco Javier a sembrar el Evangelio. A Pablo Miki y a otros, les tocó regar la semilla y cuidar el gran campo en el que se estaba convirtiendo la Iglesia japonesa. Son años de mucha actividad y fecundidad apostólica y los católicos son ya decenas de miles. Incluso el Shogun Hideyoshi envía una delegación oficial a Roma en el año 1582 para manifestar al Papa Gregorio XIII su cercanía y su beneplácito por la nueva religión.

¿Quién podía imaginar que esta situación tan propicia para la Iglesia se tornaría pronto en feroces persecuciones? Hideyoshi, era azuzado por sus principales colaboradores a prohibir el cristianismo, alegando que la nueva religión era una amenaza para la unidad nacional y para su poder. Además los líderes budistas no estaban dispuestos a perder a tantos miles de seguidores y continuamente confabulaban contra los religiosos extranjeros y los conversos.

Hideyoshi emite un decreto de persecución y en diciembre de 1596 captura en Osaka a Pablo Miki, a dos hermanos jesuitas, a 6 misioneros franciscanos y a 17 laicos japoneses comprometidos con los hijos de San Francisco. Encadenados y con la oreja cortada, son paseados como delincuentes por varias ciudades para escarmentar a los cristianos e infundir miedo a quienes quisieran convertirse a la religión del crucificado. Llegados a Nagasaki reciben el mismo suplicio que su Maestro,  son crucificados en una colina y allí dio el P. Pablo su última predicación: «perdono de buen grado al rey y a todos los que han contribuido a mi muerte».

A las horas todos fueron atravesados con lanzas y su sangre fue recogida por muchos cristianos como preciosa reliquia. Algunos siglos después, un seminarista italiano de quince años, lee la historia de San Pablo Miki y sus compañeros y tocado por el Espíritu decide ser misionero: su nombre es Daniel Comboni, ahora proclamado santo y gran evangelizador del África.

 


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