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8 de febrero: María Esperanza de Jesús, difusora de la misericordia de Dios

Fundadora de las Congregaciones de Las Esclavas y de los Hijos del Amor Misericordioso
(1893 – 1983)

¡Cuán frágiles somos los seres humanos! Y que fácil caemos en el mal. Fruto de nuestros pecados nos volvemos insensibles, cerrados o nos entristecemos pensando que no tenemos salida. Una sencilla mujer nos recuerda hoy que: "incluso el hombre más perverso, más miserable y más abandonado, es amado por Jesús con ternura inmensa. Jesús es para él un padre y una madre llena de ternura"

María Josefa Alhama Valera fue la primera de nueve hermanos de una familia de labradores. Nació en Santomera, España; el 29 de septiembre de 1893. El párroco del lugar, vivía con sus hermanas, dos buenas mujeres que le ayudaban con sus labores y le cuidaban. Cuando María Josefa tenía 6 años; sus padres, abrumados por la pobreza y viendo que la niña manifestaba rasgos de una inteligencia muy vivaz, la entregaron a las hermanas del párroco para que la educaran. Allí en la vida parroquial, la niña quedó impresionada por la misericordia de Dios y se hizo muy amiga de Jesús Eucaristía, al cuál prometió consagrarse.

Los años pasaron volando y en 1914, en la fiesta de Santa Teresa de Jesús, entró en una pequeña comunidad llamada Hijas del Calvario. Esta comunidad decide fusionarse con las Misioneras Claretianas con las que María Josefa cultivó su formación humana y espiritual. Pero en el corazón de esta joven religiosa, hay una voz que le pide la difusión de la misericordia de Dios a todos los hombres. Que doloroso y lleno de tribulaciones físicas y espirituales fue el camino que la llevó a dejar su comunidad y emprender la aventura de la fundación de dos nuevos institutos de vida consagrada.

A María Dolores, que ahora había tomado el nombre religioso de Madre Esperanza de Jesús, se le unen muy pronto un grupo de jóvenes que se entusiasma con su ideal. Algunos miembros de la Iglesia en España ven con desconfianza a esta religiosa e incluso le abren un proceso disciplinario, pues sospechan que sus ideas sobre la misericordia de Dios son contrarias a la fe la Iglesia. Gracias a Dios todo se aclara, pero la buena madre, decide trasladarse a Roma, instalándose poco después en el pequeño pueblo de Collevalenza, en la diócesis de Todi, donde construyó un magnífico Santuario dedicado al Amor Misericordioso.

En este Santuario, la madre pasará el resto de sus años dando testimonio de la misericordia de Dios, que en su bondad le concedió gracias místicas e incluso el obrar algunos milagros. En 1981 el Señor le regaló una gran bendición: el Papa Juan Pablo II la fue a visitar a su misma casa. Cuánta fue la alegría de esta mujer de Dios al recibir al Vicario de Cristo, que gran manifestación de su misericordia para con ella.

Ya la madre había sufrido varias enfermedades de las cuales había curado de forma sorprendente e inesperada. Pero en febrero de 1983, al darse cuenta que enfermaba otra vez llamó a su director espiritual y le dijo: " Hijo , yo me voy". Con serenidad y alegría se preparó al encuentro definitivo con el Señor, el cuál la abrazó con su misericordia eterna, el 8 de febrero de ese mismo año.

 

 


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