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10 de febrero: José Sánchez del Río (beato), fue martirizado a los 14 años

El cielo de la ciudad mejicana de Guadalajara, lucía colores de celebración en la Fiesta de Cristo Rey del año 2005. Solo hacía pocas décadas atrás, que al grito de “Viva Cristo Rey” habían entregado su vida miles de mejicanos por defender su fe; y ahora miles y miles de mexicanos se congregaban en el inmenso estadio de Jalisco y sus alrededores, para participar de la beatificación de 13 paisanos suyos.

Destaca en el grupo de nuevos beatos, el joven mártir José Sánchez del Río, asesinado por odio a la fe a los 14 años de edad. José había nacido el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán y era el tercero de cuatro hermanos de  una familia profundamente cristiana. José tenía un carácter fuerte y una iniciativa que sorprendía a quienes admirados veían a este adolescente organizar juegos para niños más chicos que él, a los cuáles les hablaba de Jesús y los llevaba en grupo a visitar al Santísimo.

En esos años, la persecución contra la Iglesia en México se torna descarada y cargada de atropellos porque el gobierno anticatólico quería hacerla desaparecer. La indignación de los millones de mexicanos fieles a la Virgen de Guadalupe es incontenible y miles de católicos dejan sus familias y se alistan en las filas de los batallones “Cristeros” que se habían armado para defender su libertad religiosa. La familia Sánchez del Río, como muchas otras, no pone ningún obstáculo a sus dos hijos mayores, Macario y Miguel, que les han pedido su bendición para alistarse en el Regimiento Cristero de Sahuayo.

El pequeño José, espoleado por el heroico sacrificio de tantos conocidos suyos, tiene en su adolescente corazón la convicción de derramar su sangre por Jesucristo y la Iglesia. Él  quiere partir junto a sus hermanos pero su madre se opone. «Mamá, – le dice –, nunca como ahora es tan fácil ganarnos el Cielo». La madre cede y con tal de ser admitido por el general «cristero» Prudencio Mendoza, le dice que puede contar con él para ayudar en lo que sea. ¿Cómo rechazar a un chiquillo tan determinado? Al poco tiempo el general lo convierte en su clarín y abanderado.

El 6 de febrero de 1928, José ve como al general Guízar Morfín le matan el caballo en un enfrentamiento con las tropas federales, rápidamente baja del suyo y se lo ofrece: «Mi general, tome usted mi caballo y sálvese; usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo». José es apresado y encerrado en el templo parroquial de Sahuayo que había sido convertido en cárcel y en establo.

Un tal Picazo estaba a cargo de las fuerzas federales en la zona y como conocía a la familia de José, le ofreció todo tipo de beneficios con tal de que renunciara a su fe. Su indignación por la profanación del templo y los libertinajes de la soldadesca en su primera noche de prisión, movieron a este joven a desatarse y a dar muerte a los finos gallos de pelea y a cegar el caballo de Picazo, que al darse cuenta de lo que había sucedido lo condenó a muerte inmediatamente.

Con ánimo admirable resistió las amenazas y los golpes. Los niños le escuchaban cantar “ya me voy al cielo”. La noche del 10 de febrero le desollaron los pies con un cuchillo y lo obligaron a caminar hasta el cementerio. En el camino gritaba: «¡Viva Cristo Rey!». Ya en el panteón lo apuñalaron y a cada herida José volvía a gritar: «¡Viva Cristo Rey!». Con sarcasmo le preguntaron si quería enviar un mensaje a su papá. José respondió: «¡Que nos veremos en el Cielo! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!». Un disparó se escuchó y el joven calló muerto bañado en sangre.

Dos días antes había escrito: «Mi querida mamá: Fui hecho prisionero en combate este día. Creo que en los momentos actuales voy a morir; pero nada importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios; yo muero muy contento porque muero en la raya al lado de Nuestro Señor. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica. Antes, dile a mis otros hermanos que sigan el ejemplo del más chico, y tú haz la voluntad de nuestro Dios. Ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Salúdame a todos por última vez y tú recibe por último el corazón de tu hijo que tanto te quiere y verte antes de morir deseaba».

 


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