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11 de febrero: Nuestra Señora de Lourdes

Cada año, cerca de seis millones de personas llegan de todo el mundo a un pequeño pueblo al sur de Francia: Lourdes. Y es que hace ya casi 150 años, la Virgen quiso darnos una muestra de su inmenso cariño, apareciéndose el 11 de febrero de 1858 a Bernadette (Bernardita) Soubirous.

Bernardita, acompañada de su hermana y de una amiga, caminaban aquel 11 de febrero hacia las afueras de su pueblo para recoger leña. Al llegar a un riachuelo a la altura de la roca de Masabielle, Bernardita se dio cuenta que el agua estaba muy fría y como sufría de asma, no podía atravesarlo a pie. Ella se disculpó y les dijo que las esperaría en ese punto mientras ellas iban a buscar la leña. Sus compañeras asintieron y atravesando el pequeño río se alejaron.

Lo que sucedió después de esta separación nos lo cuenta la misma Bernardita: "sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento apareció en la gruta una bellísima Señora, tan hermosa, que cuando se le ha visto una vez, uno querría morirse con tal de lograr volverla a ver".

"Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón azul, un rosario entre sus dedos y una rosa dorada en cada pie. Me saludó inclinando la cabeza. Yo, creyendo que estaba soñando, me restregué los ojos; pero levantando la vista vi de nuevo a la hermosa Señora que me sonreía y me hacía señas de que me acercara. Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué el rosario. Me arrodillé. Vi que la Señora se santiguaba al mismo tiempo que yo lo hacía. Mientras iba pasando las cuentas de la camándula Ella escuchaba las Avemarías sin decir nada, pero pasando también por sus manos las cuentas del rosario. Y cuando yo decía el Gloria al Padre, Ella lo decía también, inclinando un poco la cabeza. Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció".

Bernardita contó lo sucedido a su madre y pensó que su hija estaba inventando historias. Para evitar más vergüenzas de las que ya tenía la familia prohibió a su hija regresar al lugar. En su corazón, Bernardita sentía el llamado de la Señora que le pedía que regresara a la gruta. Ante su insistencia la madre le concede el permiso y al llegar después de haber rezado el primer denario, la Señora se le vuelve a aparecer.

En total la Virgen se la apareció 18 veces en el transcurso de seis meses y cada vez que Bernardita volvía a la gruta, más personas la acompañaban, llegando a presenciar estos encuentros más de 3000 fieles que veían a la niña pero no a la Señora. En estos encuentros, la Madre de Dios le dijo a Margarita que su nombre era “La Inmaculada Concepción” y que “no le prometía la felicidad en este mundo sino en el otro”. Asimismo le pidió penitencia y rezar por la conversión de los pecadores.

Bernardita a los pocos años se hace religiosa en la Congregación de las Hermanas de la Caridad de Nevers, viviendo y muriendo santamente. En el Santuario de Lourdes la Virgen continúa derramando sus gracias y por su intercesión se producen milagrosas curaciones y conversiones.

 


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