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17 de febrero: Siete amigos que llegaron a santos

Hoy la Iglesia nos invita a conocer el gran amor a María de siete amigos comerciantes, que lo dejaron todo para seguir al Señor. Sus nombres eran: Alejo, Amadeo, Hugo, Benito, Bartolomé, Gerardino y Juan y pertenecían a una asociación mariana de la ciudad de Florencia, Italia.

Estos amigos se iban dando cuenta que Dios les llamaba a propagar la devoción a María a todos los hombres y un 8 de septiembre, Fiesta del Nacimiento de María, acogiendo su llamado renunciaron a sus negocios y familias, repartieron sus bienes entre los pobres y se fueron a vivir en oración y penitencia al monte Senario. En aquel monte decidieron llamarse "Siervos de María" o "Servitas".

Pasaron algún tiempo en aquel monte hasta que un día,  llegó un cardenal que había sido enviado por el Papa y les pidió que estudiaran y se ordenaran sacerdotes para dedicarse a la predicación. Así lo hicieron. Todos fueron ordenados menos el menor: Alejo, quien pidió por humildad permanecer como hermano.

Su testimonio de vida se conocía ya en muchas partes de Italia y muchos jóvenes se acercaban a esta pequeña comunidad para vivir como estos siete amigos. Decidieron entonces adoptar la regla de San Agustín y en pocos años los “Siervos de María” se multiplicaron por Italia y varios países de Europa al punto que en pocos años vivían en más de cien conventos. Los servitas iban por ciudades y pueblos predicando la conversión y sobretodo propagando la devoción a la Santísima Virgen, por medio de la cual, Dios los favorecía con muchas gracias.

El más anciano de ellos gobernó con santidad a la comunidad por 16 años y murió en el pecho de su amigo y discípulo San Felipe Benicio. Lo reemplazó como superior otro de los Fundadores, Juan, el cual un viernes mientras predicaba acerca de la Pasión del Señor. Lo reemplazó el tercero en edad, el cual, después de gobernar con mucho entusiasmo a la comunidad y de hacerla extender por diversas regiones, pasó a la casa del Padre. El cuarto, que era Bartolomé, tenía un carácter bondadoso y una pureza que era todo un testimonio para cuantos lo conocían y como ha pasado con otros santos, al morir todo el convento se llenó de un olor muy agradable.

Hugo y Gerardino, fueron grandes amigos desde que eran comerciantes en Florencia y  se habían acompañado y sostenido mutuamente en el camino de Dios. Dado el crecimiento de la comunidad, la Providencia los envió a distintos lugares a predicar el Evangelio. Un Capítulo General de la Orden se avecinaba y Hugo y Gerardino fueron convocados al Monte Senario para asistir a esta importante reunión. Su avanzada edad y la lejanía de los lugares de donde provenían, afectaron la salud de ambos; no obstante, el día en que se encontraron nuevamente en Florencia, conversaron con alegría y emoción sobre los viejos tiempos y sobre todas las bendiciones de las que habían sido testigos en los últimos años. La Virgen tuvo a bien presentar a Dios a estos dos hijos suyos, quienes murieron esa misma noche.

 El último en morir fue el hermano Alejo, que vivió hasta los 110 años. Alejo murió el 17 de febrero del año 1310 y por eso la Iglesia celebra a todos sus amigos también este día.

 


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