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20 de febrero: Beatos Francisco y Jacinta Marto, niños videntes de Fátima

Hoy el Señor nos invita a ver en Francisco y María, dos ejemplos para hacer lo que Él mismo nos enseñó: “Les aseguro que si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos” Aprendamos de estos videntes de la Virgen en Fátima a vivir nuestra vida cristiana con los ojos puestos en lo esencial.

En el pequeño pueblo de Aljustrel, a menos de un kilómetro de Fátima, en Portugal; nacieron los pastorcitos que vieron a la Virgen María: Lucía y los hermanitos Francisco (nacido el 11 de junio de 1908) y Jacinta (nacida el 11 de marzo de 1910).

Desde muy temprana edad, Jacinta y Francisco aprendieron en el calor del hogar paterno, a amar a Dios y a la Virgen. Cuidaban sus rebaños con su prima Lucia, y en las largas jornadas de pastoreo, dedicaban entre sus juegos, un tiempo para rezar y hablar de Jesucristo.

Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, La Virgen María se les apareció en la Cova de Iría. A partir de este encuentro con la dulce Madre de Dios, su amor a Dios y a la Virgen creció considerablemente y ya no tenían otra razón para vivir que rezar y sufrir por la conversión de los pecadores. Durante las apariciones, soportaron con fortaleza las calumnias, injurias y persecuciones de mucha gente; e incluso fueron encerrados varios días en la cárcel y amenazados de muerte por agentes del gobierno enemigos de la Iglesia.

Francisco era de natural bondadoso; cuando veía a alguien pasar por alguna necesidad, experimentaba un gran deseo de ayudar y por ello era reconocido como un buen muchacho. "Consolad a vuestro Dios", le dijo el Ángel en su tercera aparición y en adelante se preocupará solo de hacer que el Señor “no este triste”. Tuvo la intuición de que no viviría mucho y por eso decidió no ir a la escuela y pasar más tiempo cerca del Señor, por lo que se quedaba casi todo el día cerca del Tabernáculo de la Iglesia. En su enfermedad dijo a su prima: "¿Nuestro Señor aún estará triste? Tengo tanta pena de que Él este así. Le ofrezco cuanto sacrificio yo puedo." Enfermo y después de cinco meses de continuo sufrimiento; se confesó, comulgó y se preparó para encontrarse nuevamente con la Virgen, quien lo recibió en el cielo el 4 de abril de 1919

Jacinta era de carácter muy vivaz, siempre se le veía corriendo de aquí para allá o bailando. Una niña muy alegre. Desde las apariciones iba a misa todos los días. Muchos de sus sacrificios los ofrecía por el Papa, pues había visto en una visión los sufrimientos del Sumo Pontífice por toda la Iglesia.  Al ver en otra visión el infierno, en adelante solo tuvo el ideal de convertir pecadores: ¡Qué pena tengo de los pecadores!  !Si yo pudiera mostrarles el infierno! El Señor quiso mostrarle el cielo el  20 de febrero de 1920. Solo tenía 10 años.

Los restos de Jacinta y Francisco fueron trasladados del cementerio al Santuario de Fátima. Cuando abrieron el sepulcro de Francisco, encontraron que el rosario que le habían colocado en el pecho estaba enredado entre los dedos de sus manos. Y a Jacinta, la encontraron incorrupta 15 años después. El 13 de Mayo del 2000, el Santo Padre Juan Pablo II los declaró beatos en su visita a Fátima, donde también estuvo presente su prima Lucia. Francisco y Jacinta son los primeros niños no mártires en ser beatificados.

 


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