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25 de febrero: Beata Sor Ludovica, el ángel de los niños enfermos en Argentina

Las gentes de la ciudad de La Plata en la Argentina, no salían de su asombro al ver a una humilde religiosa italiana tirando un carro a caballos que pedía por toda la ciudad, donaciones para el hospital de niños. Pero más admiración causaría aun, que esta mujer consiguiera transformar dos salas con sesenta camas en un pujante hospital para 600 personas y con 25 servicios

nombre era Antonina de Angelis Colaianni y había nacido en el seno de una familia de labradores el 24 de octubre de 1880, en la región de los Abruzaos en Italia. En el hogar paterno y en la vida campestre, aprendió a ser una buena cristiana y una mujer recia y trabajadora. Cuando tenía 24 años reunió a la familia y les anunció su voluntad de hacerse religiosa y con su bendición marchó al noviciado de las Hijas de la Misericordia, una joven Congregación dedicada a la oración, al cuidado de la niñez y al socorro de los menesterosos. En mayo de 1905 vistió el hábito y tomó el nombre de María Ludovica, nombre que tantas veces saldrá de los labios de los niños enfermos que solo querían ser atendidos por ella.

Cuando tenía 27 años, su comunidad la envió a ejercer su apostolado a América. Miles de italianos emigraban a este país latinoamericano en busca de una mejor vida, pero no todos la encontraban. En la Ciudad de la Plata, La Sociedad de Beneficencia había fundado un pequeño hospital para atender a niños necesitados y conociendo de la existencia de las Hijas de la Misericordia habían gestionado que vinieran desde Italia. La Madre María Ludovica arribó a Buenos Aires el 4 de diciembre de 1908 e inmediatamente empezó a trabajar en dicho hospital como cocinera y despensera.

El hospital era precario y sus necesidades muchas. La madre María Ludovica se hacía tiempo para visitar las salas de niños enfermos, a quienes atendía con cariño. En 1909 el director del hospital la propuso como administradora, cargo que intentó rechazar por considerarse incapaz, pero si era el Plan de Dios, el Señor le daría la gracia y los dones para cumplirlo bien.  

En un carro tirado por caballos recorrió la ciudad visitando comercios, almacenes, tiendas, fábricas y familias, pidiendo ayuda para los niños enfermos. Las rifas, festivales y actividades pro-fondos se multiplicaron  en La Plata. Todos conocían ahora a esta monjita tan trabajadora y como veían las evidentes mejoras del hospital, colaboraban con ella confiadamente. Pero ella no solo se dedicaba a la administración. A los niños que con frecuencia eran abandonados en el hospital les aseguraba una educación y velaba para que puedan defenderse en la vida. Cuando la administración del Hospital pasó a depender del Sector Público, la población de La Plata solicitó que la religiosa permaneciese al frente de su administración, petitorio que fue aceptado sin oposición.

En 1951 el ministro de Salud Pública, emitió un decreto por el que se le imponía al Hospital de Niños el nombre de sor Ludovica, al enterarse de esto la religiosa se opuso tan tenazmente, que amenazó con regresar para siempre a Italia si la iniciativa se concretaba. Recién el 25 de febrero de 1962, a los 82 años de edad, el merecido homenaje pudo realizarse. Dios había llamado a su presencia a la buena madre, pero los platenses no la olvidarían jamás ni tampoco la Iglesia, que la proclamó beata por medio del Papa Juan Pablo II en el 2004. El milagro: la curación inexplicable de una niña platense, Sor Ludovica seguía velando por sus niños.

 


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