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27 de febrero: San Gabriel de la Dolorosa, "un hueso duro de roer".

Asís, la cuna de San Francisco y Santa Clara, fue también cuna de Francisco Possenti, quien vino al mundo el 1 de marzo de 1838. Era el undécimo de trece hermanos y quedó huérfano de madre cuando tenía solo cuatro años. Su padre era juez y tenía que viajar con la familia constantemente, a pesar de ello educó a toda su numerosa prole en el amor a Dios y los formó adecuadamente. Francisco era de carácter obstinado y terco, pero gracias a la ayuda y el ejemplo de su padre aprendió a dominarse.

Estudió primero con los hermanos de La Salle y después con los jesuitas. Era un joven que vivía con intensidad, le gustaba divertirse y piensa en el matrimonio. A veces, cuando está más tranquilo, aflora una voz en el fondo de su corazón que le habla de consagrarse al  Señor. A los dieciséis años, enferma y le promete a Dios entrar en religión si se cura. Pero ni bien recobra la salud olvida su promesa. Otra vez enferma, esta vez es grave, tiene pocas esperanzas y se encomienda al entonces Beato jesuita San Andrés Bobola, renovando su promesa de consagrarse a Dios. Cura pero no tampoco esta vez cumple su promesa. ¿Qué más signos necesitas Francisco? Hay alboroto en la casa, su hermana favorita acaba de morir. Francisco impresionado decide pedir el consentimiento de su padre para hacerse religioso, pero su padre conociendo su carácter indeciso se lo niega. Pasa el tiempo, Francisco no insiste más y vuelve a su ritmo de vida habitual. Será la Virgen quien ablande el corazón de este joven. Durante una procesión, Francisco fija su mirada en una imagen de la Madre de Dios y escuchará una voz que le dice: "Francisco, el mundo no es para ti. Tienes que entrar en religión".

Francisco después de esta experiencia con la Virgen, insiste e insiste a su padre para que le conceda el permiso de hacerse pasionista. ¿Pasionista? Francisco tú no aguantarás ese tipo de vida. Pero esta vez el joven está decidido y el padre viendo su sinceridad, le da su consentimiento. El 21 de septiembre de 1856 Francisco Possenti toma el hábito pasionista y el nombre de Gabriel de la Dolorosa.

¡Cómo le costó adaptarse! Todo le parecía duro: la comida, el horario, las austeridades, en fin… Pero la Virgen lo quería allí y a pesar de que su hombre viejo se rebelaba contra estas exigencias, él cumplía su horario al pie de la letra buscando mortificarse y pidiéndole a Dios que le de fuerzas para seguir su vocación. El hueso duro de roer está cediendo. A los dos años empieza sus estudios en distintos conventos y en todos da muestras de una gran amor y responsabilidad con todos sus deberes. ¡Ser sacerdote, un buen sacerdote, cueste lo que cueste!, ese era ahora el ideal de Gabriel, ese era el combustible que le movía diariamente.

Pero el Señor tenía un plan distinto para él. Cuando ya faltaba poco para su ordenación enfermó gravemente de tuberculosis. Todo un año se la pasó ofreciendo sus sufrimientos y dando testimonio de una gran alegría en medio de la enfermedad. La muerte se acercaba y él lo sabía, por ello intensificó más sus oraciones y ofrecimientos.

Sus hermanos de comunidad estaban conmovidos con su testimonio de alegría y esperanza. Después de recibir la Eucaristía y el Sacramento de la Unción, entregó su espíritu al Señor el 27 de febrero de 1862, cuando iba a cumplir los 24 años. La fama de santidad de este joven pasionista se difundió por todos lados y el 13 de mayo de 1926, Benedicto XV lo declaró santo.

 

 


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