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28 de febrero: Beato P. Daniel Brottier, padre de niños y soldados.

El hombre que hoy recibe las preciadas condecoraciones de la Legión de Honor y de la Gran Cruz francesa, no es un militar. ¡Es un sacerdote católico! Se trata del P. Daniel Brottier, que ha sido propuesto para ellas por cientos de oficiales y soldados que han visto su heroísmo y caridad durante la I Guerra Mundial.

Daniel había nacido el 7 de septiembre de 1876 en La Ferté Saint-Cyr, diócesis de Blois en Francia. En la infancia manifiesta una profunda piedad a la Virgen y con solo 14 años tiene claro que Dios le quiere sacerdote y entra al seminario. Mientras estudia la Teología tiene que interrumpir sus estudios para hacer el servicio militar obligatorio. En su Providencia, Dios permite que este aparente “retraso” en su formación, disponga su corazón para lo que lo que será su misión más adelante. Por fin es ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1899 a los 23 años.

Sus estudios han sido impecables y es invitado como profesor en el colegio eclesiástico de Pontlevoy. Allí se desempeña un tiempo, pero su corazón arde en ansias de partir como misionero y solicita permiso a su obispo para entrar a la Congregación del Espíritu Santo. Estos misioneros lo reciben con alegría como novicio en París a finales de 1902. Su formación es rápida y como ya es sacerdote lo envían al África, a la entonces colonia francesa de Senegal.

Allí inicia un arduo trabajo de evangelización y auxilio de los más necesitados. Pero su salud es quebrantada por el difícil clima africano y a los tres años tiene que regresar a Francia. Ya recuperado el P. Daniel solicita volver al país africano, pero sus superiores no quieren arriesgar su vida. ¿Qué hacer? Su corazón todavía palpita por África, son tantas las necesidades espirituales y materiales de las cristiandades de este continente. Dios le suscita una idea que la gran creatividad de este sacerdote concreta. Dakar, la capital de Senegal, carece de una catedral adecuada y el P. Daniel funda una obra en Francia para recaudar fondos para la construcción del principal templo de aquel país. A la par de esta iniciativa, el P. Daniel se dedica a la educación y atención de niños pobres.

Estalla la Primera Guerra Mundial y el P. Daniel no puede permanecer indiferente ante la gran barbarie que vive el mundo en ese entonces. Se ofrece como capellán militar y cumple su deber con tal heroísmo, que los propios soldados y oficiales que recibieron su ayuda, solicitan al Ejército Francés que se le condecore con la Legión de Honor y la Gran Cruz. Como en el caso de Senegal, luego de la guerra, el P. Daniel continuará su ayuda a los excombatientes que han quedado en la miseria o mutilados, fundando la “Unión Nacional de Ex Combatientes”.

Acabada la contienda bélica es nombrado director de la Casa de Huérfanos Aprendices en Auteil. Su gran caridad e iniciativa convierten a este centro, que cuando él llegara albergaba a 175 alumnos, en una pequeña ciudad con más de 2000 huérfanos. Para mantener a este nuevo “ejército” a su cargo, le reza con mucha confianza a Santa Teresita del Niño Jesús. A lo largo de su vida y a pesar de sus muchas responsabilidades jamás descuidó su vida espiritual ni sacerdotal. El Señor vio que era hora de llamar a su presencia a su buen siervo Daniel el 28 de febrero de 1936. Fue beatificado por Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984.

 

 


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