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12 de diciembre: La Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América


La Virgen de Guadalupe no solo se estampó en la tilma de Juan Diego, sino también en el corazón de todos los americanos que la invocan con cariño y con confianza. Ella ha infundido ardor en el corazón de los primeros evangelizadores, ha suscitado la conversión de miles de miles de hombres que no conocían al Señor y ha protegido la Iglesia de nuestro Continente en los momentos más difíciles. Cuántos mártires han gritado: ¡Viva la Virgen de Guadalupe! mientras entregaban su vida por la fe.

Este acontecimiento que ha marcado la identidad de nuestro Continente y que se expresa en el rostro mestizo de la Virgen que se apareció al indio Juan Diego (hoy santo) fue de la siguiente manera:

En la madrugada del sábado 9 la Virgen se apareció por primera vez a Juan Diego y le habló en su propia lengua, el náhualtl. Juan Diego oye cantos de pájaros y escucha que le llaman por su nombre; sube a la cumbre del cerro del Tepeyac y ve a la Niña que le ordena ir ante el Obispo para pedirle que le construya un templo en aquel lugar. "Hijito mío el más amado: yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios..., mucho quiero tengan la bondad de construirme mi templecito...Allí estaré siempre dispuesta a escuchar su llanto, su tristeza, para purificar, para curar todas sus diferentes miserias, sus penas, sus dolores".

Juan Diego va donde el obispo franciscano Juan de Zumárraga, que lo escucha pero que no da crédito a sus palabras. Ese mismo día, aproximadamente a las 5 de la tarde,  

Juan Diego vuelve a la cumbre del cerro y le cuenta a la Virgen lo que ha pasado y le pide que escoja otro mensajero. Pero la Virgen le confirma en su misión y le manda insistir al día siguiente. "Hijito mío el más pequeño: es indispensable que sea totalmente por tu intervención que se lleve a cabo mi deseo. Muchísimo te ruego y con rigor te mando, que mañana vayas otra vez a ver al Obispo. Y hazle oír muy claro mi voluntad, para que haga mi templo que le pido".

Al día siguiente era Domingo, Juan Diego vuelve a entrevistarse con el Obispo pero con igual resultado. En la tarde, cuando regresa a su casa, vuelve a la cumbre del cerro y le dice a la Virgen que el Obispo le ha pedido una prueba para poder construir el templo. La Virgen ordena a Juan Diego que vuelva al cerro al día siguiente para recibir la señal que le dará. "Así está bien, hijito mío, el más amado. Mañana de nuevo vendrás aquí para que lleves al Gran Sacerdote la prueba, la señal que te pide. Con eso enseguida te creerá, y ya para nada desconfiará de ti".

Juan Diego, no vuelve por que su tío ha enfermado y el martes 12 de diciembre, muy de madrugada sale a buscar un sacerdote a México. Decide no pasar por el Tepeyac para no encontrarse con la Virgen. Pero ella sale a su encuentro; le dice que su tío ya sanó y lo envía a la cumbre por las rosas que serán la señal que mostrará al Obispo. Al mismo tiempo la Virgen se aparece al tío enfermo, lo cura y le dice que en adelante a su imagen se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE.

Cuando Juan Diego llega ante el Obispo muestra las rosas que llevaba en su tilma y al momento de desplegarla aparece impresa en la humilde tela la imagen morenita de la Virgen de Guadalupe. El milagro se conoció por todos lados y miles se acercan a los misioneros a pedir el Bautizo y poder ser así hijos de la Virgen de Guadalupe.

 

 


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