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19 de diciembre: Beato Urbano V, Papa

Uno de los momentos más difíciles de la vida de la Iglesia, fue cuando por varias razones, los papas dejaron de vivir en Roma por casi cincuenta años y se trasladaron a la ciudad de Avignon en Francia.

Guillaume de Grimoard nació en Grisac, Languedoc en Francia en 1310. Realizó sus estudios universitarios y llegó a ser un importante canonista. Escuchó el llamado de Dios y se hizo monje benedictino. Su orden le confió varios cargos, entre los cuales estaba también el de enseñar. Como los papas vivían en Francia, varias veces le confiaron a este monje benedictino, reconocido por sus virtudes, misiones diplomáticas importantes. Justo estaba realizando una en Nápoles cuando le llegó una noticia que lo dejó impresionado: ¡Había muerto el Papa Inocencio VI y los cardenales lo había elegido a él como su sucesor!

Como solo era sacerdote, en un solo día recibió la consagración como obispo y fue coronado como Papa. Escogió el nombre de Urbano, porque los Papas que habían tenido ese nombre habían sido santos. La tarea que le esperaba era inmensa.

Su primera preocupación fue la reforma de toda la corte pontificia. Promovió la austeridad, se rodeó de personas de reconocida virtud para los cargos más importantes y sobretodo impulsó la educación a todos los niveles, creando incluso una escuela de Medicina.  

Además, conciente de que aún había muchos pueblos que no conocían al Señor, con la ayuda de los franciscanos y de los dominicos emprendió la evangelización de Bulgaria, Ucrania, Bosnia, Albania, Lituania, y hasta logró enviar misioneros a la lejanísima Mongolia.

El Papa es el obispo de Roma, y a pesar de todas estas importantes reformas, el Papa Urbano sabía que tenía que regresar a su diócesis. Pero el rey de Francia no lo iba a permitir, la mayoría de los cardenales eran franceses y tampoco querían el retorno. Además la situación de Roma y de los Estados Pontificios era de anarquía e inseguridad. Pero el Papa regresó en 1366. Por donde pasaba las multitudes lo aclamaban y estaban felices. Gracias a la ayuda de algunos nobles pudo llegar seguro a Roma. El espectáculo era desolador, las iglesias en ruinas o muy descuidadas, las gentes abandonadas espiritual y moralmente, pero eso no lo desalentó.

Urbano V, infundió un nuevo ritmo a la Ciudad Eterna. Él fue el primero que se estableció en el Vaticano y desde allí dirigió la reconstrucción de los monumentos y edificios religiosos de Roma. Claro que su preocupación más importante fue la salud espiritual de su pueblo, para ello reestableció la disciplina del clero y promovió a las nuevas ordenes que el Espíritu Santo había suscitado en la Iglesia para se reforma.

Lamentablemente, Roma se volvió otra vez centro de intereses mezquinos de unos cuantos nobles que se disputaban el poder. La guerra y la inestabilidad hicieron prácticamente imposible su permanencia allí. Con profundo dolor deja la Sede de Pedro y a los pocos días muere en Avignon, Francia el 19 de diciembre de 1370.

 

 


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